Dar el paso de llamar a un psicólogo es, para muchas personas, mucho más difícil que aguantar meses sintiéndose mal. Y estos casos no hay que interpretarlos como falta de información o de valentía: hay razones concretas, muy humanas, que explican por qué ese primer movimiento se retrasa tanto. En Contigo-Psicología, tus psicólogos de confianza en Vigo, estamos más que acostumbrados a verlo, aunque entendemos perfectamente de dónde viene esa resistencia. Y lo explicamos a continuación en este artículo.
El miedo a lo que uno se puede encontrar
Pedir ayuda psicológica implica, entre otras cosas, enfrentarse a lo que uno lleva tiempo esquivando. Y es que hay una parte de nosotros que prefiere no saber, que teme que ponerle nombre a lo que siente lo haga más real. Es una reacción comprensible, aunque es clave entender que eso acaba siendo contraproducente: lo que no se nombra no desaparece, simplemente se queda sin herramientas para manejarlo.
La idea de que "esto no es para tanto"
Compararse con otras personas que "están peor" es uno de los frenos más habituales. La creencia de que uno no tiene suficientes motivos para venir a nuestra consulta de psicología de Vigo lleva a minimizar el malestar propio hasta que este se vuelve insostenible. Igual que nadie espera a mirarse un cuadro de fiebre alta, el bienestar emocional no tiene que llegar a un punto crítico para que le prestes la debida atención.
El estigma social de ir al psicólogo todavía pesa
A pesar de que la conversación sobre salud mental ha avanzado mucho en los últimos años, ir al psicólogo sigue cargando con cierto peso social para muchas personas. La preocupación por lo que dirán la familia, la pareja o el entorno más cercano actúa como un auténtico freno, aunque raramente se verbalice así.
La creencia de que uno debería poder solo
Hay una idea muy arraigada de que los problemas emocionales se resuelven con fuerza de voluntad. "Me tengo que espabilar", "esto se pasa solo", "solo soy yo dándole vueltas"... Estas frases funcionan como cortafuegos que impiden buscar apoyo profesional, cuando en realidad acudir a terapia con nuestros psicólogos de Vigo no es una señal de debilidad sino de que uno se toma en serio su propio bienestar.
El desconocimiento de cómo funciona realmente la terapia
Muchas personas tienen una imagen distorsionada de lo que ocurre en una consulta de psicología: creen que van a tener que revivir los peores momentos de su vida desde el primer día, o que el proceso será interminable. La realidad es que cada terapia la adaptamos al ritmo y a las necesidades que detectamos en cada paciente.
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